El relato de aquel día comienza mucho antes de llegar el predio donde Ogo tiene sus instalaciones.

Para mi estadía en Rotorua alquilé una especie de casita que se encontraba en un complejo con más casitas y una oficina al frente que funcionaba como administración del lugar.

Ese día, nos despertamos y preparamos el desayuno. Todo parecía normal hasta que a Flecha se le quemaron las tostadas y empezaron a sonar las alarmas contra incendio. Abrimos la puerta de la casa y la puerta del patio, pero no había caso, la alarma no paraba de sonar y el humo no se iba.

Apareció en nuestra puerta un joven chino, miembro de la familia que administraba el lugar, quien no pudo más que reírse de la situación, ya que tampoco sabía cómo desactivar la alarma. Por suerte, al cabo de unos minutos, el ruido cesó.

Ahora sí, a Ogo! Pero… ¿Cómo llegamos hasta allí? Se nos ocurrió ir hasta la administración y preguntarle al chino, ya que nos había resultado muy simpático. El problema fue que él no hablaba mucho inglés, y nosotros mucho menos hablamos chino. Luego de varios minutos de tratar de hacernos entender (él y nosotros), nos hizo una seña indicando que lo esperásemos un minuto. Nosotros pensamos que iría a buscar a alguien para que nos explique cómo llegar, pero no. El chino, genio total, se había ido a buscar el auto para llevarnos él mismo hasta Ogo.

Ese día llovía y hacía frio, pero eso no fue un problema ya que Nueva Zelanda está preparada para ser disfrutada en todas las estaciones.

Cuando por fin llegamos el lugar, nos acercamos a la recepción, y allí elegimos la actividad que queríamos hacer. Nosotros elegimos la caída en zig-zag, porque nos pareció la más arriesgada y ya que estábamos, había que hacerla bien.

El siguiente paso fue ir a los vestidores a cambiarnos, decidimos llevar ropa para ponernos arriba del traje de baño porque, repito, hacía frío.

Una vez listos, dejamos nuestras mochilas en la zona de espera y nos pasó a buscar un sheep que nos llevaría a la cima de la colina para comenzar la experiencia.

Nosotros teníamos nuestra GoPro, pero lo bueno es que si no tenés cámara sumergible, el sheep está lleno de cámaras y te prestan una para que puedas filmar desde adentro.

Llegamos a la cima, la vista era alucinante, pero no nos detuvimos a sacar fotos porque nos esperaba la gran esfera!

Es importante aclarar que a la esfera la cargan de agua tibia en el momento para que esta no se enfríe. Una vez lista, el personal de Ogo te explica como meterte y como empujar para que la esfera caiga. Del resto se encarga la gravedad!

La experiencia es muy muy divertida!! Dado que las paredes de la esfera no son transparentes, nunca sabíamos para qué lado íbamos a caer. A eso había que sumarle el agua, los giros y tratar de no ahogarnos cada vez que nos reíamos!

Al finalizar, nos esperaba un fotógrafo que nos sacó algunas fotitos para sumar a las que ya nos había sacado mientras caíamos. Esas fotos podés comprarlas en un cd o en un pendrive.

Luego, nos llevaron a una pequeña pileta climatizada para entrar en calor ya que la sesión de fotos nos había dejado muertos de frío.

Por último, volvimos a los vestidores que están al aire libre pero, como en Nueva Zelanda piensan en todo, dentro de los vestidores tienen instalados pequeños caloventores.

Nos encantó la Experiencia Ogo, fue algo diferente y divertido, y sin duda la recomendamos!

Acá les dejo el link de la página y a continuación, un video de aquél día.

Que lo disfruten!!

 

 

 

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